Para Arnulfo Linares, de 45 años, oriundo de la vereda Tunja, en el ancianato de Gachalá ha conocido a una segunda familia, pese a tener en esta localidad un hermano y una sobrina. Es uno de los “inquilinos” más antiguos que ha visto desfilar a hombres y mujeres de la tercera edad que llegan a pasar, tal vez, sus últimos años de vida.
Allí encuentran una compañía, un alimento, cariño y comprensión. Hallan en este lugar una “formalidad de vida” que en muchos casos se vuelve rebelde por diferentes circunstancias de la vida.
Linares cuenta que llegó a este centro porque no tuvo quien lo atendiera. Sus padres fallecieron y no tiene esposa ni hijos. Pese a que en algún momento la rutina lo aburre, como a muchos otros, trata de apaciguarla escuchando radio, leyendo o dialogando con sus compañeros. “Acompaño a este grupo de personas, leo prensa y escucho radio.
"Hice hasta 6 de bachillerato, en el caso urbano y la primaría en la vereda Tunja. Acá nos atienden bien, tenemos nuestro alimento y servicio médico. Sin embargo, me gustaría que nos colocaran la parabólica y nos arreglen las duchas”, explicó.
Celebraciones decembrinas
Generalmente Linares, como las 35 personas que habitan en el ancianato, se levanta a las 5 de la mañana, se ducha y luego recibe el desayuno a las 7 y el almuerzo a las 12 del día. A las 4 de la tarde come y luego se dedica a dialogar, leer o escuchar radio. En ocasiones llegan grupos de alumnos a realizar algunas actividades como pintura, deporte, artesanías, juegos y proyección de películas.
Las celebraciones de diciembre se realizan generalmente en el ancianato. Cuando no hay permiso de salir la pasan en este lugar. Hacen el pesebre, visten el árbol de Navidad y rezan la novena. En algunas ocasiones reciben visitas de personas y grupos que les llevan regalos y el saludo de Navidad y Año Nuevo.
“Llegué a trabajar a la Hidroeléctrica del Guavio”
“La falta de dinero para pagar el examen médico me cohibió de entrar a trabajar a la Hidroeléctrica del Guavio, entonces tuve que conseguir empleo como ayudante de construcción en esta localidad”, así lo manifestó Querubín Marentes, de 72 años, oriundo del municipio de Viotá, quien se encuentra en el ancianato de Gachalá hace 7 años. Cuando habla de su familia dice que sus hermanos están en Viotá y en Mesitas, que hace más de 35 años no ha vuelto por esa región y que en la actualidad está prácticamente solo.
Según Querubín recibe un buen trato en el ancianato, además compañía ante la soledad de no tener esposa ni hijos. Frente a los momentos de aburrimiento por estar encerrado solicita, como los demás, que lo dejen salir dos veces en la semana.
El caso particular de Andrés Linares
Aunque Andrés Linares, de 15 años, es oriundo del municipio de Gama, desde hace varios años está recluido en este ancianato. Es inválido desde los dos años porque según él, se mojó caluroso, quedando en silla de ruedas. Su señora madre vive en la vereda Guavio y su única hermana que tenía falleció. Pese a su enfermedad, su rostro y su voz reflejan alegría de vivir acompañado y de recibir una buena atención en este lugar.
Problemas de salud
Según Yeimy Calderón, la enfermera que atiende a este grupo de personas, desde hace un año, la hipertensión es una de las enfermedades más frecuentes que padecen algunos ancianos. Para ello tienen el servicio médico cada dos meses y sus medicamentos en regla.
Explicó que se prohibió la salida de los ancianos entre semana porque hace año y medio una señora se cayó cuando se dirigía hacia el pueblo. “Por este percance, que casi le cuesta la vida a la señora, se prohibió la salida de los ancianos entre semana. Ahora solo lo hacen los domingos”.
De las 36 personas que habitan el ancianato 19 son hombres y 17 mujeres. Son atendidos por dos señoras, en dos turnos, de 24 por 24 horas. Este lugar ubicado a 500 metros del casco urbano del municipio de Gachalá, posee una infraestructura especial que ofrece comodidad para quienes permanecen allí.


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