Para Guillermo Ambrosio Beltrán Pedraza, un juninense de 81 años, la artesanía y la agricultura son dos labores que desempeña con entusiasmo y que le permiten recibir algunos ingresos económicos para salir adelante. Este trabajo lo inició desde joven junto a su esposa y sus hijos, convirtiéndose en la base para educarlos y sacarlos adelante. “Era una microempresa familiar en la que todos hacíamos nuestro aporte. Llegamos a laborar, además, en modistería, costura, sastrería y tejidos”, explicó don Guillermo. En su pequeña finca, ubicada a pocos minutos del casco urbano del municipio de Junín, ha tenido varios cultivos como maíz, ahuyama, arracacha, algunos frutales y sagú orgánico, este último con buena producción en la actualidad. Le gusta asistir a diferentes talleres que dictan en su pueblo y en otras localidades sobre ganadería, agricultura, porcicultura, ambiente y convivencia ciudadana, entre otros.
Taller artesanal para infantes
Uno de los sueños de este campesino juninense es establecer un taller artesanal para menores de edad con el fin de que ellos reciban la enseñanza y la puedan ofrecer más adelante a otras personas. “Nosotros, los viejos, estamos terminando nuestro ciclo. Es importante, entonces, que los menores obtengan estos conocimientos para que más adelante enseñen y sostengan las cosas que uno sabe”.
El caso “Muela Rica”
Dentro de las anécdotas contadas por don Guillermo, como consecuencia de sus “correrías”, como bien lo dice, hizo mención a una ocurrida sobre los años 30 que tuvo relación con su trabajo en las artesanías. En ese año constituyó un taller con un amigo del municipio de Gachalá que le permitió a los 8 años adquirir una finca y algún ganado. Sin embargo, la suerte cambió para él y para su socio cuando sucedió la quema de la Inspección de San Pedro de Jagua. “Con Tobías Urrego montamos un taller de artesanías con caucho, cerca a la Cordillera del Viento. Nos iba bien porque ya teníamos pasto como para 40 reses. Infortunadamente vino la quema de la Inspección y quedamos en la calle. En ese tiempo existía el famoso Muela Rica, que comandaba un grupo de asesinos que robaban y mataban. Estuvimos a punto de caer con ellos pero la inteligencia de mi compañero nos sacó adelante y salimos bien librados. Luego de vestir el uniforme militar como por 2 semanas y de escaparnos del Ejército, por fuerza mayor, cogimos para el municipio de Gachalá, por el sector de Algodones. Al poco tiempo supe que Muela Rica nos buscaba, entonces conseguí trabajo en la mina de zinc de San Antonio de Junín. Estuve varios años laborando bajo tierra hasta que me cansé. Luego fui mensajero del colegio de Junín, al poco tiempo conocí a mi esposa y formé mi hogar”, explicó Beltrán Pedraza.
“Mi trabajo lo hago más por encargo”
La mayor parte de la vida de don Guillermo ha sido de trabajo en el campo, junto a su telar y a sus cultivos. Actualmente lo hace casi solo, porque hace 16 años se separó de su esposa, y sus hijos, profesionales, no disponen de mucho tiempo para acompañarlo. Hoy día lo asiste Estela Rodríguez quien le apoya en las actividades que realiza a diario. “Mi trabajo actual en artesanías es hacer capotas para ruanas, cortinas, cobijas, carguera para bolsos, porta celulares y cobijas. Los clientes vienen a visitarme y de paso se llevan los productos. En agricultura organizo mi finquita de tal forma que encuentre lo necesario para vivir. Hace algunos años tenía gallinas, pollos y conejos pero dejé esta actividad y ahora me dedico a cultivar sagú, especialmente”, indicó.
Don Guillermo afirma que los costos que maneja para sus productos están al alcance de todos. Por ejemplo, una cobija, que la hace en 3 días, tiene un precio de 200 mil pesos mientras que una ruana, 150 mil. Dice que no tiene mucho problema en el mercadeo de sus productos pero sí cuando el cliente exige realizarlos en varios colores.


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