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A Raúl Neira Muñoz, oriundo de Ramiriquí, Boyacá, un trágico accidente, ocurrido el 3 de enero de 1979, le cambio su vida. Cuando se dirigía con un grupo de amigos al municipio de Manta (Cundinamarca), el vehículo donde se transportaba rodo por un abismo causándole ceguera total. Desde ese momento su vida cambio por completo, ya que no quería vivir, se sentía débil y opacado. Viajó a Estados Unidos tratando de buscar una solución a su situación pero debió regresar por los costos elevados de su tratamiento. Decidió estudiar sicología y poco a poco fue surgiendo una nueva vida, llena de optimismo y espiritualidad para ayudar a sus semejantes. Allí encontró una gran oportunidad de ser útil a las personas con discapacidad.
Gestor de la Opadi
Debido a tanta injusticia con los invidentes, porque son manipulados para muchas cosas, especialmente en la política, Raúl decidió crear la Opadi (Oficina para Discapacitados), competente para ayudar a estas personas. Inició con gestionar la tarjeta electoral para personas invidentes con el fin de que ellas pudieran, sin ayuda, sufragar. “Pasé este proyecto y afortunadamente fue aplaudido en la Registraduría Nacional. Empezamos a funcionar en 1997. Actualmente el ciego es el primero que sufraga en cualquier evento electoral. Él se aprende de memoria el candidato de su predilección, ya sabe el número, y puede votar sin presión o manipulación alguna. En 1992 se dio el primer voto de los discapacitados con la tarjeta electoral. Actualmente estamos atendiendo 100 personas diarias, mayores de 70 años, con problemas de sordera, paraplégicos, ciegos, mudos, cuadrapléjicos, con trastorno mental y que no pueden caminar. En muchos casos ellos llaman y yo envió un funcionario y en pocos días tiene su identificación. Hoy por mi mañana por ti”, explicó Muñoz.
Hay que tener alto grado de espiritualidad
Aunque antes de su accidente, Neira Muñoz, le gustaba ayudar a sus semejantes, a la única persona que no pudo hacerlo fue aun ciego. “Esa ayuda nace con uno y se hace no de labios para afuera sino de corazón. Inclusive en muchas oportunidades me salgo de los reglones de mi oficio y conseguimos mercados, ropita, una silla de ruedas, caminadores, para personas que nos lo piden. En estos 24 años que llevo trabajando aquí, como coordinador del Opadi, he conseguido 300 sillas de ruedas para mis viejitos, y lo hago golpeando puertas y pidiendole a la gente”, explicó.
Para este boyacense, de 54 años de edad, de profesión mecánico industrial, pero por cosas del destino sicólogo, el cariño y el amor que se pueda brindar a un enfermo es más importante que llenarlo muchas veces de un plato de comida. “Por ejemplo, para manejar a un esquizofrénico lo más importante es el trato, pues la mayoría de personas que son agresivas necesitan amor. Qué bonito dar cariño, un beso a una persona discapacitada, eso lo alivia mucho. El amor es la palabra más grande para una persona con discapacidad. Para desarrollar esta labor hay que tener un grado alto de espiritualidad, pues quien está bien es poco lo que se preocupa por el que está mal, cada uno mira lo de uno. Aquí llegan personas con trastornos impresionantes. Ahí llega la gente y se le soluciona el problema. Cuando uno valora y ayuda a la humanidad, cuando manejamos la parte espiritual, se da uno cuenta que todos somos una familia”, agregó.
“Necesitamos más espacio para la gente”
Actualmente la Registraduría maneja la identificación de los discapacitados desde el Opadi, pero debido al alto número de perdonas que se atienden es necesario un espacio más amplio para darles mejor oportunidad. “Me gustaría que ellos tuvieran más recreación, más aprendizaje, porque las personas con discapacidad en este país están en un abandono absoluto. Los gobiernos no han tenido en cuenta a los discapacitados. Un ejemplo, en el Batallón de Sanidad tenemos más de 800 personas inválidas y el Estado no lo sabe, son los resultados de la guerra. Uno descubre a estas personas por una llamada, cuando le dicen que necesitan la cédula, por ejemplo. Van llegando las llamadas y poco a poco va sabiendo uno lo que pasa, conociendo el dolor, el resultado de aquella dolencia que sucede en el país”, indicó Muñoz.
Neira Muñoz tiene proyectado la creación de una fundación para darle la opción a todas las personas con discapacidad de una solución inmediata a sus dificultades. “Es difícil pero no imposible. Si alguien quiere ayudar nos puede llamar al teléfono 3150086, acudiremos al llamado del dolor donde esté, no interesa como estén y dónde sino en darles solución inmediata a su problema”, manifestó.
Un día de rutina
Sentado frente a su computador y a su sistema Brayle, Neira Muños, empieza desde muy temprano su labor. Es uno de los funcionarios que más llega temprano. “Nunca he llegado tarde y me sentiría mal si eso llega a pasar”, afirmó. Entre cartas, llamadas y sugerencias le va dedicando tiempo a lo que más le gusta hacer. En muchas oportunidades, los fines de semana hace brigadas con los discapacitados. Dice que esta labor alimenta su espíritu y que es feliz realizando lo que hace.
Cuando termina este comentario suena el teléfono y él contesta la llamada. Al otro lado de la línea una persona solicita ayuda. Muñoz coloca una hoja brayle en su sistema, pide un número celular, teclea por varios segundos y le dice al interlocutor que su cita ha quedado registrada para el lunes, a las 10 de la mañana. Esa es la rutina de este hombre que entrega su vida diariamente a los más necesitados y que goza del cariño y reconocimiento de muchas personas entre ellos los funcionarios de la Registraduría Nacional.
Muñoz explica que tiene un lector llamado galileo, como ayuda para la lectura de cartas. Él me lee y ya sé que contestar. “Lo más privado lo hago en brayle. Los listados de las instituciones, de hogares y de brigadas, los manejo en este sistema y no me puedo equivocar. El computador lo manejo bien pero con el brayle hay más privacidad”.
Muñoz es casado, tiene un hijo, y dice que vive sin dificultad porque su hogar es muy exequible y nunca desmejoran su situación de discapacidad.


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